NOMBRES PROPIOS: JOSÉ Mª UNCAL POETA DEL MAR


 Por José Mª Uncal

  




Quisiera rememorar en este artículo la imagen de un prolijo escritor del siglo pasado: José María Uncal, nacido en Caravia Baja el 20 de mayo de 1902.

Destacó su habilidad literaria en el campo de la poesía, pero su expresión abrazó también la prosa e incluso la dramaturgia. Más admirado y afamado en las Américas (La Habana) que en su propia tierra, pero no menos ilustre por ello.

Yo soy el tercero y último hijo de Uncal. Llegué un poco tarde; como aquél que dice, a los postres. Él ya había cumplido la mitad de un siglo cuando yo nací. En una época en la que mi padre prácticamente había concluido su producción literaria, al menos, cara al público. Su último libro de poemas fue editado cuando yo tenía siete u ocho años. Y falleció cuando yo contaba dieciocho en 1971 y cuando, ya enfermo, se había retirado a su Caravia natal mirando por última vez al mar desde su ventana.

Yo diría que en su personalidad se manifestaron dos vertientes muy distintas, casi contrapuestas. Por un lado, un Uncal ya mayor, responsable, cumplidor, trabajador y doblegado por las circunstancias; con el que yo conviví. Y por otro, un Uncal rebelde, soñador, vividor, bohemio y libre; como lo fue en su juventud. Como las dos caras de una moneda que no pueden verse al mismo tiempo: O la cara, o la cruz.

Comenzó su vida con una cruz; educado en la rigidez y el autoritarismo. Pronto, a los 14 años de edad, se acabó la escuela; ya no había más que aprender en Caravia. Acogotado por su padre, dio la vuelta a la moneda y emergió la cara. Miró al Cantábrico y, tal vez influido por Colón, Julio Verne o Emilio Salgari ¡quién sabe! surcó el mar hacia orillas desconocidas y, sin duda, apasionantes. Se ganó el pasaje trabajando como grumete y tocando el acordeón para los viajeros.

Ya en La Habana se labró su porvenir. En un principio, en lo que pudo, pero como buen autodidacta que era adquirió vasta cultura en escuelas del lugar y la prolija institución cultural que entonces era el Centro Asturiano de La Habana. Se apasiona con la literatura y devora lecturas de clásicos y modernistas descubriendo y alimentando su verdadera vocación. Al tiempo adquiere formación en Tipografía, familiarizándose con el mundo de las editoriales y los libros.

Tras seis años, con algunos ahorros regresa a España. Otros emigrantes asturianos fueron a Cuba y volvieron con su fortuna hecha, con un gran germen de palmera bajo el brazo y el plano de una casa indiana. Uncal no trajo ni siquiera la palmera. En parte, porque no le sonrió la suerte y en parte porque... maldita la gana que tenía de complicarse la vida o echar raíces y perder su libertad. Puesto que su mayor fortuna la traía en su interior.

Consumió sus ahorros en un periplo incesante por toda la península -impera su espíritu bohemio- acumulando cientos de estancias en fondas, hostales y variopintos hospedajes, absorbiendo insaciablemente la esencia del paisaje y el paisanaje que enriquecía su inspiración poética. Agotadas las reservas, con veinte años de edad y con la maleta llena de material literario escrito, se embarcó nuevamente hacia Las Antillas aún latentes en su añoranza. Allí retoma sus contactos y labor tipográfica comenzando a publicar sus primeros versos.

La cara de la moneda vuelve sonreír y es aclamado por la crítica con premios y grandes alabanzas, lo que le encauza a dedicarse al periodismo profesional. Trabaja como redactor en periódicos de la zona como Heraldo de Cuba, Diario Español, Diario de la Marina, Progreso de Asturias y revistas literarias. No cesa, sin embargo, su propia producción poética y un par de novelas en prosa.

Tal vez por giro de la moneda o por la nostalgia, decide volver a España en 1926, cambiando el océano por su querido Mar Cantábrico. Aquí colabora en diarios ovetenses, Región y El Carbayón, y de otras provincias. Intenta afincarse como empresario en Madrid, fundando editoriales y agencias; pero no era lo suyo el mundo de los negocios. Opta mejor por trabajar por cuenta ajena como linotipista para otras editoriales. Ello le permite un tiempo suyo donde sigue produciendo su expresión poética; esta vez con mayor acogimiento y reconocimiento de sus nuevas publicaciones en los certámenes literarios de la época.

Creo que, en un momento ya más maduro de su vida, se plantó frente a la mar con la moneda en la mano. A su espalda, la patria en plena guerra civil, unas hermanas pacientes, una novia bondadosa...Y al otro lado del mar, los lugares exóticos, el olor a bodega de barco, el bullicio de las tabernas, las formidables caderas de una mulata cubana... Cara: la vida, la libertad y la aventura. Cruz: lo convencional, el matrimonio y la sobriedad.

Debió lanzar por última vez la moneda y una vez más hubo de salir la cruz. Y asumió la cruz, pero guardó la cara en su interior, en su imaginación, en sus sueños... Se volvió taciturno, poco hablador, frecuentemente ensimismado y no pocas veces melancólico. La posguerra, el racionamiento, el trabajo difícil, la familia, los hijos y, en definitiva, la supervivencia, endurecieron la carcasa que encerraba un gran soñador. Mira por donde en esa época aparecí yo. Lástima, hubiera preferido conocerle en la otra.
En fin, quizás si hubiera sido más impulsivo y asertivo, hubiera conseguido muchas cosas más. Talento e imaginación no le faltaron. Suerte, sí. Pero tampoco quería complicarse la vida. Odiaba los convencionalismos sociales, el señorío, el remilgo y la pomposidad. En ese sentido era la oveja negra de la familia; con una espontaneidad que sacaba de quicio a sus hermanas (las Srtas. de Uncal), a sus múltiples cuñadas (las Srtas. Jiménez de Cisneros) e incluso a su propia esposa. Curioso, siempre acosado por un mundo de mujeres que se empeñaban en gobernarle sus formas.


Los que le conocieron de Caravia recordarán su imagen caminando por la playa (era un gran caminante solitario). Por la playa de Moracey, buen terreno para soñar e imaginar; con su sombrero, su pipa y sus mangas de camisa y pantalón remangadas. Con una caña al hombro y “a pulpos” hacia el Bolu Melín. Y lo más curioso era que, a lo mejor, el pantalón remangado y con manchas de salitre era el de un smoking utilizado unos días antes para asistir a una boda o cualquier otro cumplimiento social y, por supuesto, estúpido para él. Porque jamás se ponía en bañador; su piel era muy sensible a las quemaduras de sol. Blanca y lampiña, como la de los celtas. Su constitución era mediana, tirando a baja, ancha como los asturcones. Mucho de Asturias y sobre todo de Caravia corría por sus venas. Y gran poder debía tener esa corriente cuando el 50% que yo llevo de ella también me arrastra a mí, corno a él, hacia estas tierras.

 

Ése, para mi visión particular, fue el Uncal persona: mi padre.

NUESTRO PRESIDENTE ELEGIDO MIEMBRO DE LA REAL ACADEMIA


 Por José Luis Egüen Díaz



    El pleno de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, reunido en Madrid el pasado 21 de octubre 2025, eligió para ocupar la vacante nº 38 por fallecimiento del Catedrático y Académico Dalmacio Negro Pavón al “CARAVIENSE” Francisco José Llera Ramonuestro Presidente. 
   La designación reconoce el medio siglo de dedicación a la docencia y la investigación. Honra, pues, su brillante trayectoria académica y personal.
    PACO para sus amigos y vecinos, hijo de Maruja la de Valle y Pachín el de la Teyera, pasa así a formar parte del catálogo de Asturianos Ilustres, entre los que se encuentra su admirado Aurelio de LLano y su gran obra, dándose la circunstancia de que le sucede un siglo después en la pertenencia a las Reales Academias.
   Catedrático de Ciencias Políticas y Sociología, desarrolló la mayor parte de su labor docente e investigadora en Bilbao y en las universidades de Deusto y, sobre todo, del País Vasco, donde creó y dirigió el Euskobarómetro, llegando a ser Director General del Instituto Vasco de Estadística, estando en posesión de innumerables honores y distinciones. También fue titular de la Cátedra Príncipe de Asturias de la universidad norteamericana de Georgetown.
    Desde el “Llar đ Caravia”, la Asociación que acabamos de constituir y él mismo preside desde este verano, queremos darle un montón de enhorabuenas y trasladarle que esta pequeña villa que le vio nacer hace 75 años siente un inmenso orgullo de que 100 años más tarde, otro caraviense pase a formar parte de una de las Academias más prestigiosas, creada en el año 1857 por la Reina Isabel II y presidida entonces por el Marqués de Villaviciosa. 

 

UN GRAN CARAVIANO QUE NO PUEDE QUEDAR EN EL OLVIDO:
D. Ángel Bedriñana Meana

Manolita González González

        

Nacido en Caravia Alta, el día 18 de noviembre de 1871. Hijo de José Bedriñana y de Concepción Meana. Hermano de Esteban, Esperanza (ambos emigraron a Cuba), Laura y Elisa.

En 1885 emigró a Cuba, en donde estaban sus hermanos mayores, haciendo una inmensa fortuna con la caña de azúcar hasta el 4 de junio de 1920, que regresó a España. Vendió sus propiedades de allende el mar, siendo la última venta de 12000 hectáreas el 3 de agosto de 1922. Se dirigió a Madrid, donde compró un palacete que sería su residencia, así como terrenos en el centro de Madrid, Lavapiés, etc. Regresó a su pueblo natal, donde todavía vivía su madre Concha enfrente de la iglesia, con la intención de comprar terreno (en concreto, el Oteru), hacer su vivienda y ayudar a los vecinos. Pero no tuvo éxito en nada, por lo que se volvió como vino.

En agosto de 1924 visitó Baiona (Pontevedra) donde quedó maravillado por el trabajo de los pescadores. Allí adquirió el Castillo de Monte Real (actual parador Conde de Gondomar) por 280000 pesetas, pagando a Hacienda 11400, el cual restauró “para el bien de España”, tanto el palacio como los jardines, haciendo cancha de tenis, cancha de bolos asturianos, etc, Las obras benéficas hechas por el Sr Bedriñana en esta localidad fueron numerosas. Fue nombrado: Presidente Honorario de la Cofradía de Pescadores “La Anunciada” en enero de 1925, entregándole un pergamino flanqueado con los escudos de Baiona y de Caravia. En 1927, Hijo Adoptivo de Baiona y en 1952 el Jefe del Estado le concedió la “Encomienda sobre placa de la Orden Civil de Alfonso X, el Sabio” por la labor hecha en el Palacio de Monte Real.

A pesar de todo lo no ocurrido en Caravia, no se olvidó de ella. La Iglesia de Caravia Alta, quemada durante la guerra fue sustituida por la anterior a la actual, donando Bedriñana los bancos y el retablo del altar mayor (que sigue en la actualidad), siendo por ello nombrado Hijo Predilecto, haciéndole la entrega del título el día 31 de agosto de 1946, día de la inauguración de la Iglesia. Pero eso no fue todo. En 1948 donó su finca de la Punta de los Cabrones (actual ubicación de la Cabaña del Mar), con la condición de que sirviese de acceso a las dos playas (Tuerba y Morís), tanto para veraneantes como los vecinos de Caravia. Finalmente, falleció en Madrid, el 08 de noviembre de 1952.

Cada vez que vayamos a la Iglesia o a la playa, te recordaremos, Ángel Bedriñana Meana.




 RETRATOS DEL PASADO: ENRIQUE OJANGUREN SOMOANO

Una charla con Francisco J. Llera Ramo

            Enrique es un caraviano hecho y derecho y a sus casi 99 años mantiene una memoria prodigiosa de su gran recorrido vital. Aunque no nació en Caravia, confiesa que los años jóvenes vividos en la casa de su abuela Dña. Elisa Suardíaz Collera, viuda a los 25 años con seis hijos, lo marcaron para siempre. Un niño de Oviedo que pasa los años de guerra en Caravia, confesando que “fueron los años más felices de mi vida”, en los que tejió amistades y complicidades indestructibles y, como él cuenta en su “Mano a mano: memorias de un cirujano” (2022), incluso forjó su vocación de médico cirujano o, como diría su padre, más bien veterinario (la anécdota del caballo de los Reyes, que él cuenta, no tiene desperdicio).

Como buen caneyón se conoce todos los rincones y disfruta reviviendo anécdotas, tanto infantiles como de juventud, de sus aventuras por aquella Caravia que casi ha desaparecido para él. Estamos ante un anciano entrañable, vitalista, empático, expresivo, locuaz, divertido, irónico…. con el que se pueden pasar horas conversando de todo y, aunque, de vez en cuando, se detiene para advertirte que “me estoy desviando”, no puedes más que dejarle “divagar”, porque todo es interesante y profundo. Las vivencias traumáticas de los años 30 y 40 (asturianos, españoles y europeos), forjaron en él valores y sentimientos firmes y nobles (“la guerra es lo peor”), conviviendo con la barbarie y la humanidad (lo peor y lo mejor del ser humano), que recuerda muy bien, en la propia Caravia. Como él cuenta, la necesidad de ayudar y curar, reforzó su vocación médica, viviendo la medicina “como ayuda a los demás”.


Enrique Ojanguren en la Novena del 2 de setiembre

Con esa personalidad expansiva y rica en vivencias, que lo convierte en gran conversador, no dudó de adentrarse en el mundo de la opinión pública y, en sus años jóvenes, colaboró en el diario Región con un seudónimo (Artemio Arvia) que volvía a remitirle a Caravia. Por lo tanto, un hombre comprometido con su mundo y con cosas que decir y que no ocultaba. Para completar el cuadro, hay que recordar que tiene alma de “carbayón”.

Cuando le conté lo que estábamos proyectando con nuestro Llar, se le iluminó la cara (yo creo que le hubiese gustado tener algunos años menos) y me rellenó la ficha y, por supuesto, quiso venir a presentar sus memorias y a contar sus experiencias en nuestra Casa de Cultura, incluso estuvimos a punto de hacerlo inmediatamente.

No se perdía una Consolación y, siempre que tenía ocasión o alguno de sus cómplices a mano, se escapaba a Caravia. Cuando le dije que me tenía que ir para la novena (la conversación la tuvimos en su casa de Ribadesella), no dudó en acompañarme y, además, se las apañó para volver al día siguiente. No se conformó con cumplimentar a su patrona, sino que se subió a la tribuna a cantarle el “Portento”. Los dos le pedimos a la Señora que nos permita celebrar la charla en nuestro Llar, que tuvimos que aplazar, un poco más adelante. Por falta de ilusión suya no va a ser.

Gracias Enrique y que sigas cumpliendo años así.


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